Aprendiendo a leer el pasado y el futuro en las líneas de un poema

Andrea Valbuena

Guerrera

Guerrera

Si la vida pudiese responder
a todo aquél que le pregunta
cómo debería vivirla,
hablaría de la lucha,
de la supervivencia
y de ti.
Hablaría de declararle la guerra
a la misma noche,
de librar batallas contra la sobriedad
hasta el amanecer
y ejercitar los músculos de la risa
hasta que duelan.
Hablaría de tu manera de bailar
hasta el silencio.
De tu constancia, de tu insistencia,
de cómo sigues andando
aunque tus tobillos se tuerzan.
Hablaría de tus manos
dedicadas a cuidar,
y de cómo renuevas la idea
de que un granito de arena
puede cambiar el mundo
cuando las personas se comportan como tales.
Diría que eres la respuesta
porque eres cierta,
hundes a la duda
y enseñas que es más fácil la felicidad.
Contaría que eres verbo,
y que has sido posible en todos los tiempos
porque no dejas de suceder,
como ella.
Si la vida pudiese escoger su definición
te daría la palabra,
porque la llevas pintada,
porque luce en tus pestañas,
porque estás y eres acción.
Si la vida pudiese escoger su definición,
te elegiría.

Andrea Valbuena (1992, Barcelona, España), Mágoa, Ed. Valparaíso, 2016. I Premio Valparaíso de Poesía

Mujeres

Mujeres

«Hay una historia que no está en la historia
y que sólo se puede rescatar aguzando el oído
y escuchando los susurros de las mujeres.»
Rosa Montero

En mi casa somos mayoría.
También en mi pueblo, en la ciudad,
en el país, en el continente
y en el mundo.

Hoy, la mayoría es una voz
que habla a través del tiempo
por todas las que apagó el silencio.

Nos componen los nombres olvidados
de las mujeres que debemos rescatar.
Aquellas que callaron
y solo pudieron rendirse.
Las que se atrevieron a ser
y tuvieron que pagar por ello.
Rescatemos a las que se escondieron
detrás de otro nombre
porque escribir las convertía en prostitutas
-la desnudez libre de la mujer,
siempre prohibida-.
A las que empujaron hacia delante la ciencia
y tuvieron que compartir el mérito.
A las que sólo reconocieron
su trabajo porque un hombre quiso hacerlo.
A las que vieron como otros robaban su investigación.
A las que esculpieron con el corazón roto
y su mundo no les creyó.
A las que fueron artistas encarceladas
porque otros las decidieron musas.
A la hermana de la madre de mi abuela
que tuvo la valentía de tener un hijo sola.
A mi abuela, que, siendo señorita,
se ponía los pantalones debajo de la falda.
A las que quisieron hacerse oír,
a las que no cedieron, a las que soñaron
y lograron cumplirse.
A las que hicieron lo que quisieron,
se vistieron como quisieron
y se casaron con quien quisieron.
A las que acusaron, encerraron
y trataron de locas.
A las que acusaron, encerraron
y quemaron por brujas.
A las que alzaron los puños en alto
para defender su razón
y a las que solo pudieron desaparecer.
A las que amaron y regalaron su talento.
A las que fueron humilladas,
maltratadas, insultadas,
despreciadas y calladas.
A las que se fueron sin saber
que el tiempo sabría devolverles
el mérito, el poder y la razón.
A las musas que decidieron hacer arte.
Ahora nuestras voces se oyen más alto
porque en cada una
habita la palabra de otras diez.
Por mí y por todas las demás:
grita,
grita hasta que todos lo oigan,
grita hasta que la respuesta
sea sincera y la misma para todos.

Mujer,
grita,
siente tu lugar, tu poder, tu libertad y tu vida.

Andrea Valbuena (1992, Barcelona, España); Si el silencio tomara la palabra, Ed. Valparaíso, 2018

El majuelo

El majuelo

Cuando se encuentren en tu
boca la uva y el queso,
recuerda que ese beso es mío.
Recuerda que un día quise
pintarte al cielo aún más azul,
y regalarte toda la vida de la
tierra.
Aunque no pude escalar las
Nubes
aquí abajo supe cuidar nuestro
suelo.
Planté la semilla de un deseo y
crecí con ella cada vez que
sonreíste.
Recuerda que encontró en tus ojos la
razón para hacerlo y que esta
compañía fue un latido que susurra
hoy aquella historia en la memoria
de nuestros nietos.
Recuerda que
ahora yo soy esa tierra,
que sigo cuidando de tus uvas y del
dulzor que debieran dejar siempre en
tus labios, que lloro cuando te
extraño para que llueva y todo brote
porque la vida ha de seguir sin mí,
pero tú no.
Yo estoy contigo, por eso vuelvo a
nuestra cama y me notas abrazarte
cada noche y sueñas y dudas.
Pero es cierto amor, lo que
sospechabas, lo que ya sabías, soy
yo a tu lado, siempre vuelvo.

Andrea Valbuena (Barcelona, 1992)

La voz de una huella

La voz de una huella
Lo cierto es que le quise.
No puedo negarlo
porque moldeé mi cuerpo
para que encajáramos.
Yo me deshice,
sin tener en cuenta los límites,
para contener a otro.
Así fue como apareció este hueco.
Hay que estar enamorado para convertirse en plastilina
¿sabes?
Entonces te transformas,
y cuando se va nada vuelve a su sitio.
Somos barro y el desamor nos seca.
Así fue como apareció este hueco.
Debes saber que ahora
él y yo somos esto,
y no tengo intención de cambiarlo.
No quiero a alguien que llene mis vacíos,
si acaso,
alguien a quien no le importen
y encuentre su espacio entre todos ellos.
Creo que es la única manera de que las heridas abandonen su murmullo.
Cuando un nuevo amor habla,
las cicatrices se apagan en silencio.

De Nenad Stojkovic – Little girl holding plasticine., CC BY 2.0


Andrea Valbuena (1992, Barcelona, España), Mágoa, Ed. Valparaíso, 2016. I Premio Valparaíso de Poesía

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