Escribimos sobre ella Para no ser demolidos por el día (monótono elefante) ni por la noche (jauría en la memoria). Para que en esta ciudad tan fría su nombre abrigue más que una barricada de lana. Para que los amantes incendiarios no cesen de brillar como meteoros cuando se apaga la noche. Para que la oscuridad no presida la mesa, el sueño, lo imposible, el mundo. Escribimos sobre ella, en fin, para no volvernos radiactivos. Otros poetas, que la ignoran, son felices o triunfan.
Eugenio Mandrini (1936- 2021, Argentina); Revista “Extremo Sur. Cultura argentina”. Noviembre 2020.
Es la razón de nuestra vida, dijimos, estudiantes soñadores. La razón de los viejos, matizamos ahora, su única y escéptica esperanza. La libertad es un extraño viaje. Son las plazas de toros con las sillas sobre la arena en las primeras elecciones. Es el peligro que, de madrugada, nos acecha en el metro, son los periódicos al fin de la jornada. La libertad es hacer el amor en los parques. Es el alba de un día de huelga general. Es morir libre. Son las guerras médicas. Las palabras República y Civil. Un rey saliendo en tren hacia el exilio. La libertad es una librería. Ir indocumentado. Las canciones prohibidas. Una forma de amor, la libertad.
LA LLIBERTAT
La llibertat és la raó de viure, dèiem, somniadors, d’estudiants. És la raó dels vells, matisem ara, la seva única esperança escèptica. La llibertat és un estrany viatge. Va començar en les places de toros amb cadires a la sorra en les primeres eleccions. És el perill, de matinada, al metro, són els diaris al final del dia. La llibertat és fer l’amor als parcs. La llibertat és quan comença l’alba en un dia de vaga general. És morir lliure. Són les guerres mèdiques. Les paraules República i Civil. Un rei sortint en tren cap a l’exili. La llibertat és una llibreria. Anar indocumentat. Les cançons prohibides. Una forma d’amor, la llibertat.
Joan Margarit (1938, Lérida-2021, Barcelona, España); Els primers freds. Poesia, 1975-1995, Ed. Proa, 2004. Premio Cervantes 2019.
Es cierto, nos dijeron muchas veces que la vida es un juego peligroso. No la vida de pétalos y estambres que acunó nuestra infancia. Esta otra vida la de las colas y los formularios, la auténtica existencia, nos dijeron.
En aquel tiempo teníamos nosotros los ojos rebosantes de futuro y una impresión confusa del amor.
Qué poco sospechábamos entonces la lección desasida para la libertad como un pacto sagrado: la invención de uno mismo. Y no es casualidad que la raíz etimológica del término invención signifique el encuentro. El mismo encuentro mantenido en la eterna inmensidad del tiempo contra todo pronóstico. Como hiciera Penélope.
Hoy hemos aprendido que ser libres significa luchar, imponerse al destino, intercambiar sin miedo las identidades. Y quizá recordar que los dioses tiranos desoyeron a Ulises.
Los mismos que tampoco nos oirán a nosotros el día que decidamos olvidarnos.
No basta con ser libre. No basta con tener derecho a serlo. Un pueblo necesita voces que lo cohesionen, mensajeras valientes del instante, reflejos constelados del sueño colectivo. Hacen falta palabras que construyan el frágil edificio del destino común, capaces de alumbrar en la caverna el retrato preciso de quien queremos ser.
De vez en cuando nace una voz transparente, insobornable, tibia como el sabor de una promesa. Entonces escuchamos la melodía del agua y al fin nos damos cuenta que está lloviendo a cántaros.
Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); de La acacia roja (2008), extraído de Sin ley de gravedad. Poesía reunida (2005-2022); Ed. Visor, 2022.
La poesía es un rinconcito en donde encontrarnos. Gracias a ti.