Aprendiendo a leer el pasado y el futuro en las líneas de un poema

recuerdo (Página 1 de 23)

La sibila

La sibila

                                      ¿Habrá otro nombre para el lugar
                                      donde no hay recuerdo tuyo?
                                               Eugénio de Andrade

-¿Habrá otro nombre para un lugar vacío,
para la sombra cayendo en las ciudades,
para el vino derramado, para el corazón
latiendo en mi memoria?

-Será un lugar desnudo, cerrado
por el tiempo, donde el invierno
florece anónimo y mezclado
entre tus manos.

-¿Habrá otro nombre para su recuerdo,
para la nieve iluminada cada tarde?

-Será tu muerte, tu pérdida dormida sobre el frío,
la palabra esperada imitando tu alimento,
el desierto, los surcos de su voz,
su compañía.

Marta López Vilar (1978, Madrid, España); La palabra esperada, Ed. Hiperión, 2008. Premio “Arte Joven de Poesía”.

Temblor

Temblor

Porque todo
lo que ha llegado al final
todavía está sucediendo
friego los platos y tiemblo
cojo el teléfono y tiemblo
hago maletas y tiemblo
riego las plantas y tiemblo
me meto en la cama y tiemblo
apago la luz y tiemblo.

Porque todo
lo que ayer sucedió
es tinta que me escribe por dentro
llaman a la puerta y tiemblo
voy por las calles y tiemblo
cambia el semáforo y tiemblo
suenan canciones y tiemblo
llamo ascensores y tiemblo
me miran las fotos y tiemblo.

Porque nunca nada
se nos va del todo
porque hoy no es camino
sino estela de otro tiempo
sigo temblando mientras escribo
sigo escribiendo mientras tiemblo
sigo ayer entre tanto mañana
y te sigo buscando cuando no te encuentro.

Francisco Pérez (Granada, 1965) Inédito

A destiempo

A destiempo

Nací una noche vieja
del frío de diciembre.
Nervios, carreras en la casa,
vapor de agua caliente,
prisas, lágrimas, gritos,
susurros y pañales.
Las luces de aquel cuarto
se fueron apagando con mi llanto
mientras crecía
el bullir de la gente por las calles.
Calma adentro y afuera algarabía,
recordaba mi madre como un sueño.

En aquel desajuste
–todo un presagio-
he vivido por siempre.
Fuera del mundo yo,
aquella habitación, aquellos brazos,
aquella cuna.

Llegué muy tarde al año que se iba
y el que llegaba me encontró dormida.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España), Ficciones para una autobiografía; Bartleby Editores, 2015

Mapas

Mapas

Los mapas de la escuela,
todos tenían mar,
todos tenían tierra.

¡Yo sentía un afán
por ir a recorrerla!…

Soñaba el corazón
con mares y fronteras,
con islas de coral
y misteriosas selvas…

Soñaba el corazón…
¡Oh, sueños de la escuela!

Concha Méndez (1898, Madrid – 1986, México); Surtidor (1928), Ed. Cuadernos del Vigía, 2018

Volver

Volver

Llegué a mi casa con frío y lluvia y quise
calentarme los pies. Me puse
las medias grises con flores rosas
que tengo desde los 12. Mi perra
vieja se acercó y pensé que su calor era el mejor
pero estaba sucia. Es blanca
y peluda. Tiene 15 años, una abuela
en años humanos. Nunca se me murió
una mascota todavía,
no sé cómo sería el duelo.
Tengo 23, son más años con ella
que sin ella. A veces se queja porque le duelen
los dientitos. Al igual que yo me molestaba
cuando íbamos de vacaciones
a Tafí del Valle y se iba en busca
de perros petizos y cuadrados.
Pasaba horas buscándola,
Ella volvía con su pelaje lleno de abrojos
y yo de sangre por cruzar
los alambrados de púas
de hermosas casas de veraneo.
Con ella todo parece un constante regreso
y una constante espera.
Vuelve para que podamos mirarnos
y saber que todo va a estar bien.
Todavía estamos tiradas al sol en este departamento.

Sofía de la Vega (1993, Argentina), La idea es vivir cerca, pero no encima, Ed. Liliputienses, 2019.

Los extraños retratos

Los extraños retratos

Ahora que estamos solos,
infancia mía,
hablemos,

olvidando un momento
los extraños retratos
que nos hicieron.

Hablemos de lo que tú y yo,
por no tener ya nada,
sabemos.

Que esta solitaria noche mía
no ha tenido la gracia
del comienzo,

y entré en la danza oscura de mi estirpe
como un joven tristísimo
en un lienzo.

Mi imagen sucesiva no me habita
sino como un oscuro
remordimiento,

sin poder distinguir siquiera
qué de mi pan o de mi vino
invento.

En el oscuro cuarto en que levanto
la mano con un gesto
polvoriento,

donde no puedo entrar, allí me miras
con tu traje y tu terco
fundamento,

y no sé si me llamas o qué quieres
en este mutuo, extraño
desencuentro.

Y a veces me parece que me pides
para que yo te saque
del silencio,

me buscas en los árboles de oro
y en el perdido parque
del recuerdo,

y a veces me parece que te busco
a tu tranquila fuerza
y tu sombrero,

para que tú me enseñes el camino
de mi perdido nombre
verdadero.

De tu estrella distante, aparecida,
no quiero más la luz tan triste
sino el Cuerpo.

Ahonda en mí. Encuéntrame.
Y que tu pan sea el día
nuestro.

Fina García Marruz (1923, Cuba), Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000), 2002

« Entradas anteriores

© 2025 Poemancia

Tema por Anders NorenArriba ↑