La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de somnolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentágrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
Que pones en el alma dormida del paisaje!
Federico García Lorca (1898-1936, Granada, España); Libro de poemas (1921); Recogido en Federico García Lorca – Poesía completa, Ed. Galaxia Gutenberg, 2011.
Todo es materia de traición y tránsito y quien diga otra cosa miente. El verdadero fulgor es el de las sombras, no hay otro resplandor que las cenizas. Desde esta calle que un día fue páramo y antes que páramo fue bosque y primero que todo deseo en tu palabra, tiempo detenido en tu garganta que finalmente tuviste que escupir al mundo, Padre, vuelto la cabeza hacia aquel instante y renuncio a las migajas de tristeza que me ofreces, si son la última oportunidad de redención. No voy a cultivar el llanto ni pienso aceptar el consuelo de ese destierro.
Preguntas como ausencias dudas como destierros Llueve llueve no para de llover
Guadalupe Grande (1965-2021, Madrid); El libro de Lilit; Ed. Renacimiento, 1996. Premio de Poesía “Rafael Alberti” 1995.
como yo. La vida se le escapó de un salto y ya no pudo cogerla.
Ella era una poeta de ojos tristes como yo y encontró la paz en una sola alcoba.
Ella me enseñó a cercar el silencio y atarle dos lazos.
Cuando la luz se apaga y no puedo dormir, sus versos ahorcan a mis fantasmas y un súbito temor invade mis pasos: yo también vivo encerrada en mi cuarto.
Mi cuerpo muere cada día como un pájaro somatizado, no digo nada y sigo rezando.
Noemí Trujillo (1976, Barcelona, España); Un lugar con nieve. Antología Poética (2008-2015), Ed. Playa de Ákaba, 2015
… o el arraigo, escribir en un espacio idéntico siempre, casa o desvío. José M. Algaba
Arrastro por los cambios un lápiz, una hoja, tan sólo de papel, que quisiera como de árbol, vivaz y renaciente, que destilase savia y no inútil tristeza y no fragilidad, disoluciones; una hoja que fuese alucinada, autónoma, capaz de iluminarme, llevándome al pasado por una ruta honesta: abiertas las paredes cegadas y limpia la historia verdadera de las pintarrajeadas artimañas que triunfan. Hoja y lápiz, para un oído limpio, curioso y desconfiado.
Ida Vitale (1923, Uruguay), Poesía reunida, Ed. Tusquets, 2017.
La poesía es un rinconcito en donde encontrarnos. Gracias a ti.